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4. El exilio de marinos y aviadores

Procedencia: Xose Manuel Franco. En la imagen: Comandante radiotelegrafista Cosme Charrira y auxiliar radiotelegrafista Manuel López Pinal, entre otros.

El exilio de marinos

Autora: Victoria Fernández Díaz

La Flota republicana salió de Cartagena el día 5 de marzo de 1939 tras el estallido de una doble conspiración casadista y franquista en la ciudad. Aquella mañana levaron anclas hacia el exilio la nave capitana, el crucero Miguel de Cervantes, los cruceros ligeros Méndez Núñez, Libertad y los destructores Almirante Valdés, Lepanto, Gravina, Antequera, Miranda, Escaño, Jorge Juan y Ulloa y el submarino C-4. En el puerto, dañados por el último bombardeo, quedaron el Lazaga, el Gravina y el Sánchez Barcáiztegui.

Tras algunos titubeos, la flota llegó frente a Argel el día 6 pero las autoridades francesas le conminaron a seguir hacia Bizerta, en Túnez. Así se hizo y, el día 7 de marzo de 1939, los buques republicanos entraron en el lago de Bizerta. Túnez era un protectorado francés desde 1881. Aunque tenía oficialmente un soberano, el Bey, toda la defensa militar, la política extranjera y la administración estaba bajo el control de Francia, representada por un Residente General.


Rada y canal de Bizerta (Túnez)

Llegaron 4.093 personas, incluidas 21 mujeres y 4 niños. No todos eran marinos. Había unos 300 civiles, en su mayoría guardias de asalto, policías, carabineros o trabajadores del Arsenal, que habían subido a bordo del Miguel de Cervantes o del Jorge Juan en el último momento. Las mujeres y niños acompañaban a algunos de estos civiles o a los marinos mercantes que, durante la guerra, pertenecían a la Reserva Naval.

Destructor Escaño
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+ Información en el blog de Victoria Fernández Díaz y en el blog de Benito Sacaluga Rodríguez.

El campo de concentración de Meheri Zebbeus

A partir del día 11 de marzo, vigilados por militares y gendarmes, los marinos fueron desembarcados por tandas y mandados, en vagones para ganado, a un campo de concentración a 400 kms de Bizerta.

El campo de concentración de Meheri Zebbeus (también conocido como campo de Maknassy por ser la población más cercana) era un conjunto de construcciones en torno a una mina de fosfato de cal abandonada y situada a orillas del desierto. El campo estaba rodeado de alambradas, con una ametralladora en cada esquina, y vigilado por policía rural tunecina y unos 120 guardias móviles. Los propios marinos tuvieron que poner en marcha una acometida de agua, construir letrinas y acondicionar el campo para 4.000 personas. Las construcciones estaban en muy malas condiciones, completamente vacías, con una paca de paja en el suelo para dormir. La comida era escasa y mala: fundamentalmente agua caliente con habichuelas o garbanzos negros, incomestibles, y algún hueso de camello. El pan llegó a tener yeso y plomo para que pesara más. Todos los marinos recordaban haber pasado hambre y sed.

Campo Meheri Zebbeus

Volver a la España de Franco

A finales de marzo, el almirante franquista Salvador Moreno llegó a Bizerta al frente de varios barcos para recuperar los buques de la flota republicana. Las autoridades francesas y franquistas hicieron un llamamiento para que los exiliados volvieran a España, donde les esperaba una amplia amnistía para los que no tuvieran "las manos manchadas de sangre". En torno a dos mil tres cientos marinos decidieron regresar. Fue un burdo engaño. Al bajar de los vagones que los retornaron a Bizerta fueron encerrados en las bodegas del Marqués de Comillas, como prisioneros. Al llegar a Cádiz fueron internados en el campo de concentración de Rota. A pesar de que indudablemente volvieron los que estaban convencidos de no haber cometido ninguna tropelía, casi todos pasaron ante tribunales militares, cárcel y campos de concentración en España. Hubo al menos 23 penas de muerte cumplidas e innumerables condenas a perpetuidad.

Compañías de Trabajadores Españoles

Muy pronto se empezaron a formar Compañías de Trabajadores Españoles. Bajo escolta militar debían trabajar donde se les indicase y sin contrato de ninguna clase. Un grupo de 150 marinos fue mandado cerca de Kasserine para crear en un terreno baldío una granja agrícola. Fuertemente custodiados, sin sueldo, acampados en escasas y viejas tiendas militares, hasta que ellos mismos construyeron alojamientos. Sólo cuando se comprobó que eran capaces de sacar adelante el proyecto se suavizó la disciplina y se les empezó a pagar un jornal inferior al que cobraba un peón tunecino.

En septiembre 1939, Francia entró en guerra contra Alemania y estalló la IIª Guerra Mundial. Debido a la movilización, muchos puestos de trabajo quedaron vacantes en Túnez, como, por ejemplo, en el Arsenal de Ferryville. Unos 50 marinos especializados fueron mandados a trabajar allí. Fueron los mejor tratados y los únicos que pudieron dormir en jergones.

Por otro lado, la declaración de guerra supuso la necesidad de mejorar las infraestructuras en vistas a un eventual desplazamiento de tropas y de volver a activar a pleno rendimiento minas que la industria de guerra requería. Así fue cómo buen número de marinos pasaron a hacer labores muy diversas, según las necesidades del momento.

Un grupo fue mandado al monte Chambi para trabajar como leñadores. Es la montaña más alta de Túnez (1.544 metros), siempre con nieve. Bajo un frío glacial, durmiendo en las ya conocidas viejas tiendas de campaña del Ejército francés, sin jergones ni mantas, vigilados por soldados tunecinos, debían cortar tres metros cúbicos de palos limpios entre tres personas. Como el trabajo era a destajo, sólo cuando lo habían terminado podían comer y descansar.

Otro grupo fue enviado a Gardhimaou, casi en la frontera con Argelia, a reparar una carretera a pico y pala durante 10 horas de trabajo diario. Estaban alojados también en tiendas de campaña, por grupos de 10 o 12 cuando estaban pensadas para seis soldados. Dormían en el suelo que cubrían con ramas de arbustos para intentar aislarse de la humedad. El agua para beber la traían en camión cisterna. Estaba tan racionada y en tan malas condiciones sanitarias que casi continuamente sufrían problemas de salud, fiebres o diarreas. La comida la debían abonar con lo poco que les pagaban. Cuando llovía, no se podía trabajar y no les pagaban, pero, si querían comer, debían pagar o empeñarse. El propio controlador civil de la región observó que muchos iban descalzos y con los pies heridos.

Otros marinos fueron mandados a las minas de Cap Bon o a construir diques a pico y pala. También los mandaban a trabajar para particulares o sociedades privadas que necesitaban mano de obra semigratuita.

Hubo otro grupo de casi 200 refugiados que fue mandado a Gabès, en el Sur tunecino, a un batallón disciplinario. Eran los protestones, los recalcitrantes, los obstinados, los anarquistas y los comunistas: los "indeseables". Tenían que construir una vía de ferrocarril que debía llegar hasta la frontera con la Tripolitana italiana y que jamás acabaron. El trabajo era a destajo, a pleno sol y a pico y pala. La comida escasa, el agua, traída en cisternas, insuficiente, insalubre y racionada. La disciplina era dura, represiva y abusiva. Los trataban como escoria. Allí conocieron ya castigos que tenían más de tortura que otra cosa como el «cuadrilátero», un cuadrado excavado, rodeado de alambradas, donde el preso debía permanecer, bajo el sol, con la comida y el agua reducida al mínimo, los días con sus noches que consideren los jefes del campo.

Argelia

Cuando Francia firmó el armisticio con Alemania, en junio de 1940, el "grupo de Gabès" fue llevado a Argelia, a la región de Khenchela. Esta zona está situada al nordeste del país, a 1.200 metros de altitud, montañosa y boscosa, con nieve en invierno y muy calurosa en verano. Es un territorio insalubre, muy propicio al paludismo que prácticamente todos pasaron y al que alguno no logró sobrevivir. Aquí tuvieron que hacer de leñadores y construir una carretera casi a mano. En invierno quedaron aislados, sin víveres. Hicieron huelga hasta que subió la legión francesa y algunos fueron juzgados como cabecillas y condenados a penas de prisión. 

Al cabo de unos meses, este grupo fue llevado otra vez en vagones para ganado hacia el oeste de Argelia, a las minas de Kenadsa, y puestos a disposición de la Sociedad Minera de Kenadsa, como si de esclavos se tratara. Comida infecta, disciplina feroz, cartas censuradas, calor infernal, escasez de agua y condiciones de trabajo infrahumanas: las minas eran agujeros de 40 a 60 centímetros de altura. El trabajo de extracción se hacía tumbado en esos angostos túneles. A base de plantes y protestas los marinos consiguieron  trabajar en superficie y que bajar a la mina fuera voluntario y remunerado.

Estas luchas les costaron ser mandados a la construcción del Transahariano, en pleno desierto a pico y pala o, cuando no era pena suficiente, a alguno de los campos de castigos que había por el territorio.

El marino Tomás Acción (en el centro) en el Campo de Bou Arfa

Allí se reencontraron con los aproximadamente 250 compañeros de la flota que habían llegado a Orán con las últimas salidas de marzo 1939. Éstos, después de pasar por los campos de concentración de Morand o Suzzoni, fueron enviados a trabajar entre Bou Arfa y Colomb-Béchar. De los campos de castigo recordaremos especialmente el campo de Hadjerat M'Guil, donde había más de una trentena de marinos. Allí las humillaciones, las vejaciones, los malos tratos, las palizas eran continuas. Allí fueron asesinados 5 españoles, 2 de ellos marinos: José Álvarez y Francisco Pozas Olives.

La Liberación

El 8 de noviembre de 1942, los aliados desembarcaron en el norte de África. Empezaron a soplar aires de libertad. Con la esperanza de liberar España del franquismo, numerosos marinos, escapando de los campos en Túnez y Argelia, siguieron luchando contra el fascismo. Un numeroso grupo, encabezado por el vicealmirante de la flota Miguel Buiza, se alistó en el Corps Franc, formando la 9ª Compañía del III Batallón aliado que luchó contra el Africa Corps durante la Batalla de Túnez. También tenemos constancia de que hubo marinos que se alistaron en los pionner ingleses, en los comandos americanos y que participaron en la liberación de Francia y de Italia.

Los marinos, como todos los exiliados, pasaron por campos de concentración, compañías de trabajadores y campos de castigos. Vivieron experiencias particularmente duras ya que la situación geográfica conllevó aislamiento y unas condiciones climatológicas especialmente duras. Por otro lado, al estar a merced de autoridades y militares colonialistas, tuvieron que soportar una explotación y una represión inhumana.

El exilio de aviadores

Autor: Juan Martínez Leal

El Archivo de la Democracia cuenta con el importante fondo documental de ADAR (Asociación de Aviadores de la República), que reúne fotografías, testimonios, sus publicaciones y una biblioteca especializada.

Para complementar  el cuadro de la evacuación ha de de mencionarse el exilio de los aviadores hacia Orán y Argel, unas veces pilotando para los altos mandos militares y dirigentes del gobierno republicano, y, en otros casos, ya en los días finales, huyendo de sus bases aéreas para escapara de la represión. La inmensa mayoría de los aviadores partieron desde las bases aéreas de Los Llanos (Albacete), de Rabassa (Alicante) y de Los Alcázares, San Javier y Totana (Murcia) aterrizando en La Senia, el aeropuerto de  Orán.  

En el proceso de evacuación hubo dos momentos claves, relacionado el primero con las sublevaciones contra Negrín en Cartagena y en Madrid, los días 5 y 6 de marzo, que provocaron la partida de algunos aviones, desde el aeródromo de Monóvar en Alicante y desde los cercanos a Cartagena citados. Algunos de estos vuelos tuvieron características especiales, como los que exiliaron al jefe de gobierno Negrín con destino a Toulouse y a Dolores Ibárruri (Pasionaria), a Alberti y María Teresa León a Orán, donde estuvieron breves horas. Contamos con el testimonio de uno de los pilotos:

"Quiero relatar mi último vuelo en España, porque está ligado con la precipitada salida de España de los máximos responsables del Ejército y la Aviación Republicanas. El 05/03/1939, estando destinado como Profesor de la Escuela de Polimotores de Totana (Murcia), el Jefe de la Escuela, Comandante Ramos, me comunicó la orden de que me presentara con un Dragón en el Aeródromo provisional de Monóvar en espera de sus ordenes. En este vuelo me acompañó el Mecánico Teniente Manuel Gil. Por la noche, el Capitán Piloto Francés Dary, me comunicó el vuelo al Aeródromo de Oran (Argel). Al amanecer del 6 de marzo, nos ordenaron preparar el avión para volar a Oran. Una vez preparado, el avión fue ocupado por el Ministro de Defensa, General Cordón, el Subsecretario del Aire Coronel Núñez Maza y entre otros pasajeros, el poeta Rafael Alberti y la escritora María Teresa León, y el Consejero Soviético. Al aterrizar en Orán, oficiales de aviación franceses nos llevaron al pabellón de oficiales y después se presentaron 6 gendarmes los cuales después de cachearnos, y sin más explicaciones fuimos conducidos al Castillo de Mers el Kebir, donde quedamos detenidos. A los tripulantes de nuestro avión se unieron los del segundo, tripulado por el Teniente Rivera y Mecánico Aguinaga. Días después supimos que nuestros pasajeros, fueron llevados a un hotel desde el cual se trasladaron a Paris, de nosotros, no volvieron a acordarse. Así empezó nuestro prolongado exilio con todas sus consecuencias. Así paga el Diablo a quien le sirve...."

Fuente Alas Gloriosas nº 18: Testimonio de Joaquín Calvo Diago.


Cipriano Mera

El piloto José Falcó Sanmartín en uno de los campos de Argelia.
Archivo de la Democracia, Fondo ADAR

La mayor oleada se produce al final del mes de marzo con la ofensiva final del ejército franquistas para ocupar toda la zona Centro-sur. El Cónsul de España en Argel informó el 30 de marzo de la llegada el día anterior de unos cuarenta aviones transportando un importante número de oficiales y jefes republicanos, que algunas fuentes cifran en más de 200. Una de las últimas hornadas fue la del 25 de marzo, día en que salieron los últimos dirigentes del Partido Comunista, desde los aeródromos de Los Alcázares y de Totana, entre ellos el dirigente italiano de la Komintern, Palmiro Togliatti, y los dirigentes españoles Pedro Checa, Fernando Claudín, Vicente Uribe y Jesús Hernández.

De esta evacuación de la hora final, los dos casos más destacados serían los del general José Miaja y el coronel Cipriano Mera. Miaja salió de Rabasa en Alicante a media mañana del día 29 y llegó pasado el mediodía al aeropuerto de Orán donde fue atendido por las autoridades. Mera partió del aeródromo de Chiva en Valencia y  aterrizó en Mostaganem, a 80 km. de Argel, el mismo día 29 de marzo. Mera fue recluido en la fortaleza de Mers-el-Kebir y más tarde siguió el destino de la mayoría de los exiliados internado en Camp Morand. No todos los pilotos pudieron exiliarse en los aviones, debido a la entrega de muchos de los aparatos al bando vencedor. Por Alicante salieron en el Stanbrook trece aviadores, entre ellos Antonio Gassó (Gaskin), que  escribió un diario del internamiento en campos de concentración y las compañías de trabajadores.

Documentos del dosier de Antonio Gassó Fuentes,
autor del diario publicado por su hija, Laura Gassó.
 

  Archivo de la Democracia. Fondo ADAR

Los pilotos fueron conducidos en su mayoría al fuerte de Mers-el-Kebir en Orán, algunos provisionalmente ocuparon un centro de internamiento de la avenida de Tunìs, o la Caserne Berthezène, pero siempre formaron grupo aparte del resto de los refugiados, según los testimonios. Debido a su capacitación técnica, muchos de ellos lograron exiliarse a la Unión Soviética a las pocas semanas, país donde habían sido instruidos como pilotos de la República y al que prestaron buenos servicios durante la IIª Guerra Mundial.

 

El exilio republicano en el norte de África


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