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5. El destino de los refugiados: los campos de internamiento

 

Autor: Juan Martínez Leal

"¡Viento, si muero
Lleva mi polvo

Más allá del estrecho!
Todo lo que canto
Todo lo que canta,
Desierto esclavo,
Se llama España.
Lo perdido,
Más vivo".
Max  Aub. Diario de Djelfa,
Salmo CXXXVII (fragmento)
 

Los campos de internamiento y de concentración: de Orán a los confines del desierto del Sáhara

Por desgracia el siglo XX fue el siglo de los campos de concentración, de internamiento o de exterminio. Es preciso, sin embargo, para no caer en simplificaciones que pueden ser desafortunadas, incluso hirientes, remarcar  la diferente y cambiante naturaleza de lo que incluye el fenómeno "Campos de concentración" o "de internamiento", cuando nos referimos a aquellos alojamientos que las autoridades francesas utilizaron en lo que hoy sería el Magreb, sin duda, una realidad suficientemente heterogénea difícil de abarcar en una sola denominación (Pechanski, 2000). Eliane Ortega realizó en su día una meritoria labor de investigación y recopilación, llegando a localizar hasta 47 campos en los que estuvieron refugiados españoles, fundamentalmente en Argelia, pero también en Túnez y en Marruecos [1] .

Resulta pues conveniente tratar la realidad de los campos en función de sus características, de la finalidad y del régimen disciplinario, en al menos  tres grandes categorías:

A) De acogida y clasificación desde la llegada hasta el comienzo de la IIª Guerra Mundial.

B) Campos de trabajo forzosos a partir del Régimen colaboracionista de Vichy.

C) Campos disciplinarios, de castigo y penitenciarios hasta la liberación de los campos en la primavera de 1943, tras el desembarco aliado de noviembre de 1942.

La denominación campos de concentración la utilizaron las víctimas y muchos medios de la época, las mismas autoridades. Posteriormente una buena parte de los estudiosos del tema franceses, han tratado de evitar el término "concentración" por sus connotaciones ominosas después del Holocausto. Tampoco tienen sentido los eufemismos para una realidad en la que privó la improvisación, la precariedad y la dureza básica de las condiciones de vida de unos expatriados, derrotados, separados de su medio familiar y natural, vulnerables e indefensos, en una tierra extraña, a veces indiferente y otras inclemente y hostil. Concentrar en campos, recintos, cerrados y vigilados, era realizar una política de control y exclusión sobre una masa de población considerada políticamente sospechosa, cuando no subversiva para los intereses nacionales, caso de los expatriados antifascistas italianos, polacos, alemanes, los judíos, o los "rojos" españoles.

A) Campos de acogida y clasificación hasta el comienzo de la IIª Guerra Mundial

Los franceses han preferido llamarlos Centres d´Hebergement, de alojamiento o acogimiento. Podríamos incluir en tal denominación a todos los citados en el apartado anterior, en principio provisionales, de clasificación y de tránsito, pero algunos adquirieron una continuidad y una relevancia que debe ser destacada. El primero, como hemos visto, desde mediados de marzo fue la antigua Prisión Civil de Orán para recibir a las mujeres y los niños (e inicialmente a aviadores), que pronto se conoció como Campo nº 1. Más tarde, a principios de abril, las autoridades habilitaron alojamiento en un antiguo almacén de granos en la Avenue de Tunìs (Campo nº 2), y finalmente, habilitaron en el propio muelle Ravín Blanc (Campo nº 3) tiendas de campaña (los marabouts) vigiladas por soldados senegaleses, donde se alojaron centenares de refugiados. También en Orán se habilitó la fortaleza de Mers-el-Kébir donde se recluyeron a oficiales y aviadores. Muy pronto, desde finales de abril, comenzaron los traslados a otras dependencias y campos que se fueron creando en lugares más alejados. Los que llegaron en el Ronwyn, a mediados de marzo, tomaron puerto en Ténes y fueron alojados en Orleánsville (hoy Chlef ), en la Caserne Bethezène, un antiguo cuartel de Caballería, en un régimen de semilibertad, como atestiguan las memorias de varios internados. Allí, a los pocos días, falleció el periodista alicantino Emilio Costa. Mujeres y niños fueron conducidos a Carnot a 85 km de Ténes, que se convirtió en un centro de reagrupamiento familiar.

La realidad, como explica convincentemente Kamel Kateb, es que el gobierno general de Argelia fue trasladando a los exiliados hacia el este de Argelia, en los distritos de Orléansville y Médea, para separarlos del Oranesado por ser este un departamento muy hispanizado ya, lo que despertaba en la autoridad el temor de su influencia ideológica sobre la población hispana ya residente. En el departamento de Argel, se crean cuatro campamentos en el distrito de Orléansville y tres en el de Médéa. En el primer distrito, cerca de la costa mediterránea, las condiciones climáticas eran similares a las que prevalecen en el sur de España. En el segundo, los campamentos se ubican a 1.100 y 1.200 metros sobre el nivel del mar. Las temperaturas son muy frías en invierno y abrasadoras en verano.

De estos campos  de acogida e internamiento se podía salir siempre y cuando el interno pudiera certificar que algún familiar lo tomaba a su cargo, o bien que cualquier comerciante o empresario local lo avalara con un contrato de trabajo. Después estaban las organizaciones internacionales de socorro o filantrópicas, la intervención de personalidades francesas influyentes, o de las propias cúpulas de los grandes partidos para rescatar a sus dirigentes más destacados. Especialmente eficaces fueron las organizaciones comunistas, que consiguieron sacar de los campos a decenas de sus dirigentes seleccionados con destino a la URSS  en los primeros meses, en al menos dos expediciones (ver lista de comunistas que viajaron de Argelia a la URSS. Archivo Histórico del PCE. Cortesía de Eliane Ortega ).

Las organizaciones republicanas de socorro, como la SERE (negrinista, febrero 1939) y la JARE (prietista, julio 1939) auxiliaron en lo posible a los internados, una tarea delicadísima  y muy discutida, tanto por su rivalidad, expresión de la división republicana, como por las suspicacias de favoritismos que despertaban sus decisiones entre los internados. El recelo de las autoridades francesas y pocos meses después el comienzo de la IIª Guerra Mundial, dificultaron sobremanera que los internados escaparan al forzado destino de los campos. De todo ello queda constancia en el apartado de biografías y testimonios.

 

Grupo de españoles en Camp Morand (Procedencia: Familia Manuel Robles)

Es el caso de Camp Morand en Boghari, a unos 150 kilómetros al sur de Argel y ya casi en el límite del desierto. Se trata sin duda del más importante campo de internamiento por el que pasaron la mayor parte de los españoles refugiados como se recoge en muchos de los biografías y testimonios. Estaba situado sobre un desolado altiplano a tres kilómetros de Boghari, en un antiguo campamento abandonado de la Legión Extranjera. Era un gran recinto vallado por alambradas dividido en seis barrios de 12 barracones (Ilots) cada uno, más una serie de dependencias comunes, administración, cocinas, dispensario y explanada que se utilizaba como campo de deportes, sobre todo fútbol. Cada barrio tenía un alcalde designado de entre los refugiados, que vivía en contacto con ellos y cada Ilot tenía un responsable y una cabida para cincuenta hombres. El campo, por tanto, llegó a albergar a más de 3.000 internos, en su inmensa mayoría españoles, que se encargaron prácticamente de levantar y adecentar las barracas y las instalaciones. La barraca nº 5 que habitaba José Muñoz Congost, entre otros, se llamaba Villa Stanbrook. A otras -en aquella ardiente explanada-  no les faltaba el nombre humorístico: la nº 3 se llamaba Villa Alaska; y otra, con un toque de humor negro y amargo, El Manicomio [2]. El recinto estaba fuertemente vigilado por gendarmes y una compañía de fusileros senegaleses, pero el régimen interior permitía permisos de fin de semana y correspondencia, incluso recibir prensa, todo ello, claro está, muy sujeto a la discrecionalidad de la dirección del campo. Por todo sanitario, se excavaron grandes zanjas en la zona sur, frente a una barrancada donde los internos hacían sus necesidades fisiológicas.

"Exilio", periódico manuscrito anarquista editado en Camp Morand. Archivo Fundación Anselmo Lorenzo

Leer testimonio de J. Muñoz Congost sobre "Exilio" de su libro: Por tierra de moros, el exilio español en el Magreb

La vida el campo discurría habitualmente entre tediosas y pesadas rutinas, las penurias de la deficiente alimentación e higiene (especialmente la disentería endémica debido a la contaminación del agua), la ansiedad de noticias y de comunicación con la familia en España, la angustiosa incertidumbre sobre el porvenir, la sensación de  desarraigo y -cómo no- las heridas abiertas de la derrota, que podían derivar en frecuentes enfrentamientos entre refugiados de distintas tendencias ideológicas. Y las inclemencias del tiempo, "un calor que hacía arder los barracones" [3] . Por último, pero tal vez lo más importante, había que  conseguir "los papeles", los trámites burocráticos para ser clasificado con derecho a emigrar o a salir del campo con  permiso de residencia, demostrando tener un trabajo y medios de vida, generalmente porque un familiar o amigo se hacía cargo del mantenimiento. Sólo unas minorías de destacados dirigentes consiguieron salir del campo avalados por sus partidos o por las organizaciones republicanas de ayuda como la JARE y el SERE para formar parte de las expediciones a América o a la metrópoli o la URSS. Otros, como en el caso de Cipriano Mera y algunas decenas más, consiguieron evadirse con diferente fortuna [4]

Juan Ripoll Ivars (a la derecha) y otros compañeros en el campo de internamiento de Relizane (Argelia). Archivo de la Democracia

En el campo de Relizane (Argelia).
Fuente: M. Llobet, El pasajero del Stanbrook: tragedia y memorias de un exiliado español.

 
Carta dirigida a José Castaños Lajarín comunicando su salida del campo de Relizane, por mediación de Antonio Pérez Torreblanca, Delegado de la SERE en Argelia. Archivo de la Democracia

Para no sucumbir al tedio, el aburrimiento y la desesperación, los internos organizaron todo tipo de actividades deportivas, educativas (especialmente las clases para aprender francés e inglés), conferencias sobre los más variados temas, conciertos corales y hasta alguna revista realizada primorosamente a mano, como la revista "Exilio" que realizaban las Juventudes Libertarias [5] .

A cinco kilómetros, hacia las montañas, a mayor altura, se abrió más tarde el Camp Suzzoni en Boghar, en una especie de fuerte militar con unos pabellones anexos para descongestionar Camp Morand. Algún testimonio refiere que acabó convirtiéndose en una especie de sanatorio adonde eran trasladados los españoles que enfermaban seriamente en el desierto, en los campos de trabajo [6] .

 

Procedencia: Eliane Ortega

Otros campos, no tan masificados, fueron más benignos. Un ejemplo es el campo de Cherchell en la provincia de Tipaza a 115 km de Argel, donde concentraron a especialistas e intelectuales, a minusválidos y discapacitados que no podían ser útiles para las Compañías de Trabajo. Incluso hubo dos campos donde se aceptaban familias, el de Carnot en Ain Defla y el de Beni Hendel en el macizo montañoso de Oued Senis . El de Beni Saf, en la costa, también fue un campo benigno, en donde los internos pudieron confraternizar con la población local, a pesar de que  se emplearan como mano de obra barata en las minas de hierro de los alrededores.

B) Campos de trabajo forzosos: las Compañías de Trabajadores Extranjeros y la construcción del Ferrocarril Transahariano

¿Qué hacer con los españoles internados en los campos de la Francia de la metrópoli y las colonias? Se trataba de una masa de mano obra de más de 200.000 personas. Al principio las autoridades dieron como opciones a los hombres enrolarse en la Legión Extranjera o regresar a la España, con muy escaso éxito en el caso del territorio colonial norteafricano. Más tarde, por decreto del Gobierno, de abril de 1939, se estableció que los refugiados extranjeros comprendidos entre los 20 y 48 años "prestaran" trabajos equivalentes al tiempo que los ciudadanos franceses cumplían en el servicio militar, creándose así las llamadas Compagnies de Travailleurs Étrangers o Compañías de Trabajadores Extranjeros (CTE) [7] . Cuando estalla la IIª Guerra Mundial, en septiembre de 1939, el enrolamiento en estas compañías se considera forzoso, empleándose en trabajos dedicados a la defensa nacional, fortificaciones, infraestructuras, minas y canteras. El marco legal de estas compañías quedó definitivamente establecido por los decretos del gobierno Daladier de enero y abril de 1940 y la Ley del Régimen de Vichy de septiembre del mismo año tras la caída de Francia y la firma del Armisticio, pasando a denominarse Groupements de Travailleurs Étrangers (GTE).

 

Principales campos de concentración en torno a la construcción del Transahariano. Fuente: Gassó García, L. Diario de Gaskin. p. 40

Las Compañías eran unidades militarizadas de trabajo formadas por 250 hombres, de encuadramiento obligatorio para los extranjeros considerados apátridas. Dependían del Ministerio de Defensa, estaban sometidas a las ordenanzas de disciplina del ejército y mandadas por oficiales de la reserva franceses ayudados por suboficiales. En las colonias de África del Norte se crearon 12 compañías agrupadas en el "Octavo Regimiento  de Trabajadores Extranjeros", en septiembre de 1940, tras la firma del Armisticio.

Compañía de trabajadores españoles exiliados en el campo de Bou Arfa

Estas compañías se formaron en Camp Morand concentrando a refugiados de Marruecos, Argelia y Túnez, y de allí salían para desempeñar tareas agrícolas en canteras y minas, construcción de carreteras y fortificaciones (especialmente en Túnez) y, sobre todo, hacia los campos de trabajo del desierto para la construcción del Ferrocarril Transahariano. Se calcula que unos 2.500 españoles pasaron por estas compañías. Las primeras tres compañías (la 1ª, 2ª y 9ª) salieron de Camp Morand en diciembre de 1939 hacia la región de Constantine, en el Este argelino donde pasaron tres meses construyendo una pista militar y carreteras. Después fueron enviados hacia Bou Arfa y Colomb Bechar para la construcción del Transahariano, dos de los campos de trabajos forzados más importantes.

Campo internamiento Bou Arfa

Trabajos forzados en Bou Arfa. Archivo de la Democracia, Fondo Álvaro Ponce de León

Manuel Jiménez Agulera y otros compañeros en Colomb Bechar

Los informes que constan en los archivos de los Servicios de la División de Inteligencia Militar Aliada, confirman que en efecto, en la región de Colomb Bechar, estaban concentradas ocho compañías  de Trabajadores Extranjeros. Cuatro de esas compañías tenían su centro en Kenadsa a 20 km de Bechar, de las cuales una, creada en diciembre de 1941 las formaban judíos e indeseables. La Sexta Compañía era la de Hadjerat M. Guil, en la misma línea del ferrocarril cerca de Beni Ounif y la califica de compañía disciplinaria, de entre 100 y 150 hombres, que viven sometidos a condiciones inhumanas, trabajando duro por 0,50 francos diarios.  La 7ª compañía estaba en Kenadsa y era exclusivamente compuesta por "Spanish veterans (Reds)". El informe, con menos detalle, enumera los campos de Marruecos en Berguent, Mengoub y Bou-Arfa, citando a Ain-El Ourak como un campo disciplinario. Cita también un campo que concentra enfermos, una especie de campo-hospital en Oued-Akrensch. Respecto al campo disciplinario de Ain-el Ourak, en el informe se puede leer que "los internos viven en condiciones de miseria brutal, de inanición difíciles de creer". Los internos eran en su inmensa mayoría trabajadores españoles y voluntarios de la Legión Extranjera, vigilados por 60 "goumiers". Termina el informe alertando de que este trato disciplinario ofensivo y humillante puede ser generalizado a muchos de los trabajadores que están construyendo el Transahariano (Documento "Confidencial", 17 septiembre de 1942).

 

Informe completo del Cónsul español franquista en Uxda (Maruecos), dirigido al Ministerio de Asuntos Exteriores, sobre la situación de los españoles que trabajan en el Transahariano. Procedencia: Archivo General de la Administración [(10)000-caja 82/4916 Exp. 34]. En él se pide una “queja oficial enérgica” del gobierno español por el maltrato que sufren los españoles en los campos de concentración.

El gobierno de Vichy fue endureciendo el régimen de los Campos y de las Compañías, cuya denominación cambió también para llamarse "Groupements", de forma que se aplicaba indistintamente a un Groupement o a un Campo. Muchas veces el campo de castigo de Hadjerat M'Guil era designado como "6e. Groupement de Travailleurs Étrangers". El coronel Lupy fue nombrado Inspector General de los Campos de Internados en África del Norte y el teniente coronel Viciot era el jefe-responsable de todos los campos de la zona de Colomb-Bechar.

El reclutamiento y encuadramiento en las Compañías de Trabajadores tuvo un impacto brutal en la vida de los refugiados españoles. Junto a trabajadores manuales, se integraron forzosamente en ellas intelectuales, hombres de profesiones liberales, funcionarios, profesores, administrativos, etc. poco o nada acostumbrados a trabajos que exigían un enorme esfuerzo físico, en condiciones climáticas, de disciplina y de subsistencia terribles. Era una prestación forzosa de trabajo, a cambio de una mísera contraprestación económica (de 0´50 francos a 2 francos diarios, dependiendo de trabajos) y permanentemente vigilados por destacamentos coloniales de spahis, de goumiers (tropas de montañeses marroquíes) y mohaznis (una especie de guardia civil marroquí) [8] .

En Túnez los campos que más se acercan a este tipo fueron los que padecieron los marinos de la "7ª Compañía de Trabajadores", anexionados al Primer Batallón de Artillería Ligera, de carácter disciplinario, formado por ex-convictos de la Legión, para la construcción de un ferrocarril de vía estrecha en Gabès cerca de la frontera con Libia. Después del Armisticio, en junio de 1940, fueron enviados a la región de Khenchela, en las montañas de Aurés, en el este de Argelia, para construir una carretera a través de un bosque, padeciendo un durísimo invierno; y finalmente, de allí a las minas de Kénadza y a la construcción del ferrocarril Transahariano [9]. El destino de la mayoría de estas compañías acabaría siendo, en efecto, la construcción del "Ferrocarril Mediterráneo-Níger", un viejo proyecto que se remonta a 1878, pero que no llegó a tener carta de naturaleza oficial hasta que la Guerra de 1939 lo impulsa definitivamente.

Archivo de la Democracia. Fondo Álvaro Ponce de León

Los españoles del Transahariano, encuadrados en las Compañías de Trabajadores, fueron sucesivamente transportados hacia el sur del Oranesado ya en pleno desierto, "en los umbrales de la nada " y distribuidos en tramos de 15 a 20 km en torno al trazado en construcción. De ese modo, los campos de trabajo forzosos que se crearon en torno al Transahariano eran simples campamentos de tiendas de campaña de lona (marabouts) en medio de las arenas del desierto, en parajes desoladores achicharrados por el sol, vigilados por tropas coloniales, en condiciones climáticas y de subsistencia imposibles, como de forma abrumadora nos han dejado tantos testimonios. Tal eran los campos que alojaron a los españoles en torno a Colomb-Bechar, Beni Abbés, Bou Afra, Kénadza. Las Compañías 1, 3, 4, 9 y 12 trabajaron en el sector de Bou Arfa y las 2, 5, 7, 8 y 11 en el sector de Colomb-Bechar, pero con frecuentes trasvases entre un sector y otro. Se calcula que, del total de la mano de obra empleada, unos 5.000 trabajadores, la mitad o más eran españoles y la otra mitad la integraron autóctonos y deportados políticos o apátridas, entre los que destacaban los judíos o antifascistas [10] .

Minas de carbón de Kénadza (Argelia). Fuente: M. Llobet, El pasajero del Stanbrook: tragedia y memorias de un exiliado español.

El faraónico proyecto implicaba la movilización de grandes medios económicos, técnicos y de especialistas, pero para la mayoría de los españoles su labor era básicamente de pico y pala, explanando y levantando las plataformas sobre las que luego se instalaban las traviesas y los raíles, superando los desniveles del terreno, excavando y a veces elevando los taludes hasta seis metros. Las jornadas empezaban casi al amanecer con un descanso en las horas centrales del día, debido al calor abrasador, que podía llegar a los 50º, para después descender a cotas muy frías durante la noche. Los horarios y las jornadas podían ser muy variables, dependiendo  de factores climatológicos, especialmente, como era muy frecuente, cuando se desataba el siroco (o simún ) los temibles vientos huracanados que traían verdaderas tormentas de arena del desierto, obligando a la interrupción de las tareas. A veces duraba días, cubriéndolo todo de arena y produciendo grandes destrozos en estos precarios campamentos. Muchas veces se trabajaba "a tajo", por cuotas o destajos, de uno a tres metros cúbicos de piedra diarias, dependiendo de las compañías, pero esto daba lugar también a castigos para quienes no cumplieran con las cuotas establecidas. 

"Tumba" de castigo en Bou Arfa 

  "El cuadrilátero", recinto de tortura

En realidad, cualquier motivo banal daba lugar a maltratos y castigos brutales de los que están repletas las memorias. Desde vergajos, golpes de porra y culatazos, verdaderas palizas a veces, hasta los tristemente célebres el cuadrilátero y sobre todo el tombeau. El cuadrilátero era un pequeño recinto rodeado de alambradas, permanentemente vigilado, donde se encerraba día y noche a los castigados sin ninguna protección frente al sol infernal o el frío inclemente de la noche, sólo con sus tristes harapos y una dieta de hambre. El tombeau se reducía una simple fosa a modo de tumba que el reo debía de cavar y permanecer día y noche tumbado a pan y agua. Se trataba de minar hasta el extremo la resistencia física y mental de los forzados o de dar salida a los más bajos instintos sádicos de algunos de los guardianes de las Compañías [11].

Archivo de la Democracia. Fondo ADAR, Archivo Miguel Diego Carrera

 


Campamento del Campo Colomb Bechar. Fuente: M. Llobet Marín

C) Campos disciplinarios, de castigo y penales

El Régimen de Vichy incrementó su política de exclusión creando estos siniestros lugares para la represión sobre los refugiados españoles, brigadistas internacionales, opositores antifascistas franceses y apátridas. Se trataba de campos "especiales" que mejor habría que llamar de castigo o disciplinarios, donde el único fin era el trato vejatorio, las torturas y los sufrimientos a los trabajadores, verdaderos penados, llegando a cotas que recuerdan algunos de los extremos de los campos nazis [12] .

En el campo de Djelfa estuvo Max Aub junto a algunos centenares de compatriotas trasladados de los campos del Midí francés. Al principio se trataba de un campo de reclusión de patriotas antifascistas franceses, pero después éstos fueron trasladados a un nuevo campo, el de Bossuet, quedando el de Djelfa para los españoles, brigadistas de distintas nacionalidades y judíos. El campo de Djelfa, inmortalizado literariamente por Max Aub fue uno los más terribles de Argelia, donde reinaba el régimen de terror impuesto por el siniestro comandante Jules César Caboche y sus ayudantes [13]. (Ver libro De Belalcázar al infierno de Djelfa, de Joaquín Chamero Serena).


El escritor Max Aub en el Campo de Djelfa (Argelia)

  


Campo de Djelfa (Fuente: Audiovisual "El Procés d'Alger ".
Office Français d'Information Cinematographique)

 

IN MEMORIAM   [fragmento] 

...
Por el campo, en carne viva,
cuatro moros y un Sargento
buscan hogueras por tiendas:
"Está prohibido hacer fuego",
¡que la leña es del Estado!
y es más que los prisioneros.
De alambrada en alambrada
los pájaros pierden vuelo.
En el marabú apiñados
seis ex-hombres en montón.
Miseria sobre miseria,
sin abrigo ni colchón. 
Harapos sobre los huesos.
Lo que se tuvo y robó
vendido por poco pan.
Hijos de sarna y prisión,
engendros del pus francés,
esqueletos de dolor,
escoriaciones y piojos,
manto de frío feroz.
El mundo es miedo para ellos.
Los huesos no dan calor.
A las tres de la mañana
viene la muerte llamando

...

Los que padecieron el grueso de los refugiados españoles se situaron en torno a la línea de construcción del Transahariano: Djorf Torba, Meridja y Kénadsa, Hadjerat M´Guil en la zona de Colomb-Bechar; Foum Defla y Ain el Ourak en las cercanías de Bou Arfa en Marruecos. Los campos de Djorf Torba y de Meridja en medio del desierto (se sucedieron uno a otro) eran siniestros lugares de castigo, donde los trabajos forzados, generalmente picar piedra, no tenía otro sentido que agotar las energías de los condenados, faltos de alimentos y agua, sometidos por oficiales  y suboficiales brutales a las mayores vejaciones. Se trataba de pequeños campos donde los desafortunados internados eran generalmente poco numerosos.

Fuente: Muñoz Congost, José. Por tierra de moros. El exilio en el Magreb.

Hadjerat M'Guil fue el más siniestro de estos campos, conocido enseguida el lugar como "Valle de la Muerte" o "Campo de la Muerte". Aquí fueron recluidos castigados de la Legión Extranjera, alemanes, polacos e italianos antifascistas, judíos y republicanos españoles. De los 250 internados, unos 70 eran españoles. Picar piedra y hacer ladrillos de adobe fueron los trabajos más comunes. El agua se recogía de un riachuelo cercano en tinetas metálicas de 80 litros transportadas entre dos hombres medio kilómetro salvando un desnivel de cuarenta grados. El campo está dirigido por el teniente Xavier Santucci, un corso fascista y brutal, al que llamaban Bocanegra, cuya consigna era: ¡Nadie saldrá vivo de aquí!. En esta tarea colaboraron de manera encarnizada sus ayudantes, sobre todos los cabos ex-legionarios, el alemán Otto Riepp y el ruso Dourmenoff. Los insultos, los golpes y las palizas, en algunos casos hasta la muerte, fueron una constante en este campo. Los testimonios de las palizas, torturas y vejaciones públicas hasta morir son abrumadores en los casos del antifascista alemán Lewinstein, los españoles Moreno Ruiz y Poza Olives. En Hadjerat murieron torturados once internos, de los que cinco eran españoles [14] .

Tan terribles fueron los ecos de estas atrocidades que entre febrero y marzo de 1944, ya bajo control aliado, en el Palacio de Justicia de Argel un tribunal miliar juzgó y condenó a los responsables torturadores de Hadjerat  a cuatro sentencias de muerte, de las que se ejecutaron dos, los siniestros Santucci y Riepp. El resto de oficiales y suboficiales fueron condenados a penas de trabajos forzados. La prensa francesa se hizo eco de este caso y también fue informado por el Allied Force Headquarters en un informe secreto que recoge la descripción de los hechos y la lista de acusados (20-febrero-1944).

Independientemente de estos campos, funcionaban los presidios para condenados por delitos (la mayoría evasiones o actos de resistencia), por decisión de las autoridades o de los tribunales. En algunas de estas prisiones, como el Penal de Berouaghia en la región de Medea, el presidio de Lambése en la ciudad de Batna y las prisiones de Maison Carrée y Barberouse en Argel, los españoles recluidos en ellas sufrieron condiciones tan duras o más como en los campos disciplinarios [15] .

Tras el desembarco aliado en el Norte de África, en noviembre de 1942, el calvario de los españoles internados comenzó a mejorar, pero muy lentamente. Todavía en abril de 1943 cuando fue cerrado, existían centenares de internos en el campo de Djelfa. Finalmente, las oprobiosas Compañías de Trabajadores Extranjeros fueron disueltas por el Gobierno Provisional tras la liberación de Francia, en septiembre de 1944. Sólo en 1949 se abandonó definitivamente la construcción del Ferrocarril Transahariano. Sus raíles se perdieron enterrados en las arenas del desierto.

El Transahariano a su paso por Bou Arfa. Fecha probable: 1960

Vista actual de restos del trazado del Transahariano

Ver más imágenes de los campos

La Liberación de los campos

A partir del 8 de noviembre de 1943, fecha del desembarco aliado en el norte de África, en la llamada Operación Torch, los internados en los campos creyeron que serían liberados de inmediato, pero hasta meses después, el 23 de junio de 1943, no se cerraron oficialmente los campos de trabajo y habría que esperar unos meses más, hasta diciembre de 1943, para que se clausuraran los campos disciplinarios y de castigos, como el siniestro Hadjerat-M' Guil, cerrado el 26 de diciembre de 1943. Durante esos meses la situación fue exasperante muchas veces para los internos, al punto, que por su cuenta iniciaron deserciones, que a veces terminaban mal con el reingreso en los campos de castigo o penitenciarios por haber cometido un delito.

Los aliados formaron una Joint Comission for Political Prisioners and Refugees (16-enero-1943), en cuyos informes se advierten la confusión y las prioridades del mando militar, como se sabe, dividido en el caso francés, pero también intervenían otros factores, como las dificultades para encontrar medios de subsistencia para los internados, etc. Es cierto que miembros de la Joint Comission fueron envidos a los campos para evaluar in situ las condiciones existentes y las peticiones de los internados. Las opciones básicas que se les ofreció fueron enrolarse en los Batallones de Pioneros Británicos (zapadores), firmar contratos con las fuerzas estadounidenses como empleados civiles, emplearse en la industria local del norte de África (por ejemplo, en las minas de Kenadsa), o alistarse en alguno de los dos cuerpos armados franceses, la Legión Extranjera o en el recién creado Corps Francs d´Afrique . A los españoles se les ofrece la posibilidad de exiliarse a Hispanoamérica. Los responsables de los campos muchas veces  ofrecían únicamente alistarse a la Legión Extranjera. Más información en los informes de José Alonso Mallol al Cuartel General Aliado sobre la situación de los españoles en los campos (22-noviembre-1942).

Los informes de la Joint Comission muestran que los españoles de los campos formaban un grupo bastante cohesionado, que en un momento determinado (grupo de Bou Arfa) se dirigieron a las autoridades solicitando que les liberaran y les proporcionaran los documentos para ganarse la vida como hombres libres.

Finalmente reproducimos algunos documentos del Mando Aliado que tratan de evaluar la situación de los campos de trabajo en el norte de África: el primero incluye una tabla con el número y procedencia de hombres internados en los campos en diciembre de 1942;  el segundo contiene información del Coronel Lupy, Inspector general de los Campos, de parte de la autoridad francesa, que tiene fecha de diciembre de 1942 y el tercero es un Memorándum fechado en Argel, el 16 de enero de 1943, dirigido al Cónsul General americano, pero basado en un informe policial de diciembre de 1942. En este se afirma que de los 7.435 internados localizados en 9 campos, el 43,71% de los que aparecen en las listas son españoles ("Spanish and doubtful elements") y el 39% comunistas franceses. En efecto, se informa de que el Consulado está recibiendo muchas peticiones de los españoles para trabajar al servicio de británicos y americanos.

 

Fuente: Leo Baeck Institute. Documentación facilitada por Eliane Ortega.

 


[1]  Eliane Ortega Bernabéu: Los campos de concentración en el Norte de África, 1939-1943. 30 de junio 2010.

[2]  MUÑOZ CONGOST, José (1989) : Por tierras de moros. El exilio español en el Magreb, p.35. Ediciones Madre Tierra. Móstoles, 1989.

[3]  Antonio Blanca: Cuaderno del destierro (fragmentos). En Alicantinos en el exilio. Revista CANELOBRE, 20/21, p. 109. Alicante, 1991. Su hijo Antoine Blanca (que llegó a ser embajador de Francia ante la ONU) escribió  una interesante biografía de su padre: Itineraires d´un républicain espagnol. Éditions Bruno le Prince, 2002.

[4]  Andrée Bachoud, vid. op.cit., p. 91, refiere que en "los dossiers oficiales se ensartan los nombres de los españoles evadidos, impresionantes por su importancia numérica "; a pesar de que podía conllevar severos castigos, sobre todo si se trataba de evasiones de los campos disciplinarios. 

[5]  Muñoz Congost, op.cit.  p. 46 y ss, entre otros testimonios, da buena cuenta del esfuerzo de los españoles por adecentar, dignificar la vida en el campo y elevar el nivel de cultura de los refugiados.

[6]  Ricardo Baldó: Exiliados españoles en el Sahara, 1939-1943 , refiere con bastante detalle la llegada cada quincena de estos enfermos anémicos y depauperados. Vid. pp. 31 y ss. Alcoy, 1977.

[7]  Para el profuso marco legal es indispensable  el trabajo citado de Rafaneau-Boj, especialmente, pp. 145-149 y pp. 194 y ss. Una buena descripción del marco legal de estas Compañías de Trabajadores Extranjeros, en el Blog de Jacky Tronel: Histoire Pénitentiaire et Justice Militaire. https://prisons-cherche-midi-mauzac.com

[8]  Santiago, Lucio; Lloris, Gerónimo, Barrera, Rafael: Internamiento y resistencia de los republicanos españoles en África del Norte durante la Segunda Guerra Mundial" , p. 36. San Cugat del Vallés, 1981. Esta obra pionera -como la de Muñoz Congost- resulta fundamental en la medida que recoge decenas de testimonios de compañeros de exilio y de internamiento. Rafael Barrera formó parte del Comité Nacional de la Amicale des resistants, déportés, emprisonnes et internes politiques en Afrique du Nord, creada en 1969.

[9]  De toda la peripecia de los marinos, el estudio fundamental es la obra citada de Victoria Fernández, El exilio de los marinos republicanos", vid.  para este periplo, pp. 187 y ss.

[10]  Santiago, Lucio y otros, op.cit, p. 44.

[11]  No hay un sólo superviviente de estos campos que no haya dejado descripciones detalladas y escalofriantes  del maltrato y los castigos. Una buena recopilación de testimonios en Santiago, Lucio, op. cit.  y   Muñoz Congost, J., op. cit.,  passim.

[12]  El presidente del Tribunal que juzgó  en 1944 a los responsables del campo de Hadjerat , llegó a decir: " Vuestros campos han sido más terribles que los hitlerianos". Citado en "Internamiento y resistencia de los republicanos españoles...", op. cit. p. 104. En  términos genéricos  resulta tal vez una exageración que no admite la comparación, pero puede resultar pertinente para calificar la brutalidad que se practicó en estos campos disciplinarios creados por el Régimen de Vichy.

[13]  Max Aub: Diario de Djelfa. Al comandante Caboche, le dedicó su célebre diatriba, del que entresacamos un par de estrofas: " No tienes tú la culpa, comandante./ ¡Tú no cuentas para nada!/ Eres menos que una piedra/, menos que una joroba dromedaria,/ menos que una meada./ Te pusieron ahí como pudieron poner a otro cualquiera/, ¡qué más les daba!/ Tú no eres nada,/ siendo microbio eres microbio muerto,/ y piojo blanco putrefacto;/ sarna, lepra que no contagias,/podrido esqueleto yerto de cara verdugada/ verde verdugo indecente/ no tienes culpa de nada;/ negro verdugo podrido".  

[14]  Descripciones espeluznantes de estos casos y de las torturas pueden encontrarse en los testimonios recogidos: Internamiento y resistencia...op.cit., p. 100 y ss.; Por tierras de moros.., .op. cit., pp. 89 y ss. Véase también el testimonio de Antonio Gassó (Gaskin) , editado por su hija Laura Gassó: Diario de Gaskin, p. 147 y ss. En este caso se trata de la tortura y muerte del judío alemán Kleinkoff en el campo de Foum Defla.

[15]  Cf. el testimonio de Victoriano Barroso: Páginas de mi diario de Guerra y de Exilio (1936-1945) , en su "Declaración de Honor"  pp. 1-18. Barroso describe su trayectoria, un auténtico vía crucis : su condena a muerte, su simulacro de fusilamiento y su paso por los presidios de Constantine, Barberousse, Blida, Lambése, Maison-Carrée y prisión de Argel. Edición a cargo de Ángel Freire Freire. Editorial Silex. Madrid, 2014.

 

 

El exilio republicano en el norte de África


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